Salimos de la tienda con Heloísa quejándose del calor, Igor llegando en moto y Luna intentando equilibrar bolso, bebé y paciencia todo al mismo tiempo.
—Ay, mi amor! ¡Trae ya a esta mujer a casa, que si espero más, el pastel se derrite! —dijo Igor.
—No se derrite nada, lo que pasa es que tienes miedo de descubrir que vas a tener que compartir la videoconsola con una niña —respondió Heloísa.
—Mentira, ¡yo quiero una niña! Solo para verla con ese genio tuyo —dijo Igor.
—Entonces prepárate para su