Meses atrás antes de la boda.
La noche en Palermo tenía un silencio propio, un silencio que parecía aprendido de siglos de conspiraciones, traiciones y juramentos rotos. El mar, allá a lo lejos, rompía contra las rocas con un rumor grave, como si fuese el corazón antiguo de la isla latiendo en la oscuridad. En las calles del barrio antiguo, las piedras mojadas por la lluvia brillaban bajo los faroles, y el aire traía ese olor a sal, a humo y a pólvora gastada que siempre precede a la violencia