La noche pesaba como un sudario. En la vieja casona, los muros parecían retener el eco de todos los secretos que se habían callado por años. Adriáno cruzó el umbral con paso contenido, consciente de que lo que estaba a punto de escuchar podía cambiar su vida.
Lorenzo lo esperaba en el interior. Estaba sentado junto a la chimenea, con los ojos vidriosos y una mano temblorosa que no soltaba un vaso de vino a medio terminar. El fuego proyectaba sombras que alargaban su silueta contra la pared, dán