Capítulo 62
Ternura
«No puede ser. Su destinado aún vive. Esa conexión no debería existir. No conmigo. No ahora.»
Y, sin embargo, allí estaba. Innegable. Latente. Ardiendo dentro de su pecho como si Maya lo hubiera marcado con sus dedos temblorosos y no con una luna bendecida por los dioses. Era como si su corazón —uno que juró no volver a sentir— estuviera despertando al ritmo de la respiración de ella.
Abrió los ojos y la miró. Maya dormía, con las mejillas aún encendidas por la intimidad. Un