—Y-yo no lo sé. Tampoco era muy reconocida en ese lugar, como te lo he dicho antes. Con suerte hablaba con Magnus porque a nadie le importaba —Me rasqué la nuca.
—Vale la pena intentarlo. Acompáñame.
—¡Sí!
Me puse firme y seguí los pasos de Seth hacia su cabaña. Al cruzar el umbral, Lilia estaba sumergida en la lectura de un grueso volumen, bastante concentrada.
En cuanto me vio, sus ojos se iluminaron, cerró el libro de golpe y corrió hacia mí para envolverme en un abrazo que olía a lavan