Me encontraba practicando mis movimientos de defensa por mi cuenta, aprovechando la soledad que había cerca de la entrada principal del pueblo.
Un puño seco contra el aire, luego dos puños en una combinación rápida que hacía silbar el viento. No había nadie que me juzgara, por lo que no me daba ninguna vergüenza fallar un golpe o perder el equilibrio.
Estaba sumida en mi propio ritmo hasta que una figura emergió de entre la maleza del bosque. Era Zoé. Me detuve en seco, ¿qué demonios hacía ell