Narrador.
Tres figuras avanzaban en silencio por el bosque, cerca de un río. Al frente iba el rey Seth que guiaba el paso, seguido muy de cerca por su hijo Aiden y el joven Harry, ambos, quienes cargaban pequeñas bolsas de cuero a sus espaldas.
—La primera regla del rastreo no es usar los ojos, cachorros —explicó Seth en un susurro ronco, deteniéndose junto a un enorme pino—. El bosque cambia de forma con la niebla, pero los olores y los sonidos no mienten jamás. Cierren los ojos e inhalen pr