Narrador.
En el jardín trasero que usualmente era un área reservada para el entrenamiento de los cachorros de la manada, las risas infantiles resonaban con fuerza. Valeria corría a toda velocidad sobre la hierba, persiguiendo una pelota que los gemelos Leo y Diana se pasaban entre ellos con una coordinación asombrosa para su edad.
—¡Pásala, Leo! ¡No te la quedes tú solo! —gritó Diana, agitando sus pequeñas manos mientras corría en círculos.
—¡No puedo, ahí viene Valeria! —respondió el niño,