Narrador.
Las altas y pesadas cortinas de la estancia real estaban completamente cerradas, bloqueando la fría brisa del bosque. En el centro de la habitación se extendía un caótico campamento de mantas, almohadones de plumas y sábanas.
Los cachorros celebraban una pijamada. Aiden, Harry y Valeria estaban sentados en círculo, mientras los gemelos Leo y Diana rodaban de un lado a otro intentando quitarse las almohadas entre risas.
—¡Ya siéntense, par de monstruos pegajosos, o les digo a sus ma