—¿Qué pasa, Eloise? ¿Por qué tienes esa cara? —preguntó Maribel, preocupada.
Maribel me sirvió un poco de té. El calor de la bebida no lograba calmarme.
Estábamos en la cabaña.
No podía apartar de mi mente a Zoé, la mujer que Seth había rescatado días atrás y que ahora se había instalado en la manada como si siempre hubiera pertenecido a ella.
—¿Eloise? —repitió.
—No entiendo por qué la dejaron quedarse —murmuré, apretando la taza—. No me creo la historia de que hayan aniquilado a su mana