—Debemos llevarla al pueblo. Un sanador podrá ayudarla —sugirió Seth.
—Pero no sabemos de dónde viene —habló Alaric, analizando a la mujer de pies a cabeza—. Puede ser una enemiga. ¿Y si está con Magnus?
La observé con más atención. Tenía que admitirlo, era demasiado hermosa. Su cabello rojo ardía como el amanecer y sus ojos verdes brillaban incluso entre lágrimas.
A pesar de su desesperación, había en ella una vulnerabilidad tan intensa que despertaba el impulso de querer protegerla.
¿Seth