El sol de la mañana iluminaba mi rostro mientras caminaba por el pueblo con los ánimos a tope. Estaba contenta porque la gente dejó de murmurar cosas horribles sobre mí, y ahora me veían con respeto. De repente un grito agudo y lleno de energía interrumpió los murmullos.
—¡Eloise!
La pequeña Lilia había despertado hacía unas pocas horas y venía corriendo hacia mí a toda velocidad, con sus pequeñas sandalias. Al verla tan llena de vida, sentí que un enorme peso se desprendía de mi pecho.
Ella