Estábamos comiendo con calma. Las estrellas adornaban el cielo nocturno, pero yo no dejaba de ver el anillo en mi dedo. La joya brillaba demasiado, y todavía me costaba procesar que todo esto fuera real.
—¿Cuándo lo compraste? —pregunté, levantando la mirada para clavar mis ojos en los suyos.
Seth soltó una pequeña risa, cortando un trozo de carne de su plato.
—Eso no importa ahora —respondió, con misterio—. Lo único que necesitas saber es que envié a Alaric hace semanas a la ciudad para qu