Una suave caricia en la cabeza sacó a Lis del trance de la somnolencia. Así ella sanaba y, cuando se despertó, ya su cuerpo estaba entero. Casi entero, notó al ver quién la acompañaba.
—Ya todo terminó, Lis —le dijo Riu.
Él y el ejército habían llegado a Arkhamis sin encontrarse con Dumas sombrío alguno. Y aquellos que sobrevivieron a su posesión habían vuelto a ser los mismos de siempre.
—¿Y Desz? ¿Él llegó también?
—Él nunca vino, se fue en otra dirección.
Tan rápido como al trueno seguía