Mundo ficciónIniciar sesión—Te venderé y te comprometeré, Valena. Cuando cumplas dieciocho años —sonrió, como si fuera una broma que solo él comprendiera—. Ya tengo a tu candidato. Es mayor que tú, sí… pero me dará todo lo que deseo. —¡Soy tu hermana! —sollozó Valena, con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Cómo puedes hacerme esto? —Simplemente lo haré —respondió, indiferente. —¡No quiero, Rend! —exclamó, negando con desesperación. —Así es la vida. Ese hombre necesita una reina, una virgen que le dé herederos. Y tú me darás un ejército y oro a cambio —afirmó sin emoción. —¡Rendly, por favor, no! —gritó, mientras las lágrimas surcaban sus mejillas sonrojadas. Él rió, una carcajada fría, de dientes apretados. —Entonces reza para que no vuelvas a sangrar y que nunca cumplas dieciocho. ~°~ Valena Brathen tenía tan solo dieciocho años cuando su hermano Rendly Brathen la vendió y comprometió virgen al rey Tommend Steen. Un hombre cruel y déspota quien asesinaba a sus esposas por no darle hijos. La única intención que Rendly tenía para vender a su única hermana, era que a cambio de ella, Tommend le daría un ejército y mucho oro. Pero la mala suerte de Vale, no acaba, y todo en su vida cambia cuando otro rey llamado Demon un cambiaformas, enemigo de Tommend y también de Rendly, por venganza la secuestra. ¿Logrará vivir Vale en manos del cruel rey Demon Wronblod? ¿Terminará allí su lucha por reinar y tomar lo que por ley le pertenece o simplemente morirá a causa de la venganza?
Leer másValeYa habían pasado muchas semanas de viaje, Valena ya se estaba acostumbrado a ese barco que los primero días fueron de mareos y hasta en una ocasión llegó a vomitar. Se acostumbró al oleaje fuerte del mar cuando estaba agresivo y al agua pacífica también. Pasaron una tormenta fuerte pero todo estuvo bien, el ambiente cálido se había ido, ahora se encontraba más frío. Todos en el barco ahora usaban ropas de piel para abrigarse bien. Vale, ya estaba siendo tratada como una reina. Le trajeron ropas fina y a la medida, también abrigadas. Las mujeres del servicio algunas veces le traían comida a la cama y ya hasta tenía damas de compañía solo para ella, además Wylla no se despegaba, ya que Vale estaba siendo observada por los hombres del barco.Esa mañana fría Vale se encontraba usando un vestido de piel mangas largas muy hermoso que le quedaba perfecto a su cuerpo, también usaba guantes de cuero para abrigar sus manos y botas con tacón muy finas. Ya no se la pasaba sola como antes aho
ValenaValena sintió un escalofrío recorrerle la espalda, y su cuerpo se erizó por completo. Tragó con dificultad sin apartar la mirada de aquel hombre.—¿Por qué ninguna pudo darle un hijo? —preguntó en voz baja, casi temblorosa.—Así es. Así que, niña... procura que ocurra un milagro cuando te cases. Porque si no, te espera el mismo destino —respondió Ser Wallt, mirándola con una expresión sombría—. También te matará. Y no será piadoso. Te quemarán viva.Valena giró lentamente la cabeza hacia su hermano. Esperaba algún gesto, alguna señal de preocupación. Pero Rendly parecía ajeno a las palabras del caballero. Comía tranquilamente su pescado, como si no hubiese escuchado nada. Al notar su mirada, levantó los ojos hacia ella.—Come —le dijo señalando su plato intacto con el tenedor—. Probablemente ya se enfrió.Tomó un trago de vino sin más.Valena sintió un nudo en el estómago. Apenas podía contener las náuseas. Durante toda la cena, no tocó su comida. Solo la miraba y la revolvía c
ValenaValena observaba el mar azul desde la ventana, donde un barco gigantesco se preparaba para zarpar en unas horas. Llevaba un vestido largo de color azul claro, con mangas cortas. Su cabello rojizo caía suelto, adornado con dos trenzas que se entrelazaban en la parte posterior de su cabeza.—Princesa, ya es hora de irnos —dijo Wylla, de pie tras ella.Valena se giró con suavidad, la miró y asintió en silencio.Una vez fuera del castillo, los hombres ya esperaban montados sobre sus caballos. Su hermano Rendly ya estaba en el suyo, sosteniendo las riendas de otro.—Es hora de irnos —anunció él—. Así que sube.—No sé montar a caballo, Rend —respondió ella, tomándolo de las manos con expresión nerviosa.—Solo haz lo que te voy a explicar y estará bien, Vale.Ella asintió, escuchó atentamente las indicaciones de su hermano y logró subir al caballo castaño. El animal comenzó a moverse, y Valena se limitó a mirar alrededor mientras el castillo donde había pasado gran parte de su vida se
Valena—Trata el vestido con cuidado —le dijo su hermano antes de salir de la habitación.Valena se alejó del espejo y se acercó a la cama para quitarse el vestido nuevo y ponerse el que estaba tendido. Se lo colocó lentamente, como si cualquier movimiento súbito pudiera romperla, y luego se dirigió hacia la puerta. Al salir de la habitación, sólo se oían los pasos suaves de Wylla detrás de ella. Bajó las escaleras de piedra con la vista al frente, en dirección al comedor principal del castillo.Al llegar, notó que el lugar estaba oscuro. Sólo una ventana permanecía entreabierta, pero la escasa luz del sol no era suficiente para iluminar aquel comedor frío y silencioso. Se detuvo frente a la larga mesa de madera, coronada por un candelabro con velas encendidas. Sobre la mesa había un festín: cordero, vegetales, frutas frescas y jugo de uvas.Sin decir palabra, Valena tomó asiento en la gran silla. Tomó el cuchillo y el tenedor con ambas manos y comenzó a comer. Tenía hambre. Devoró la
ValeA la mañana siguiente, Rendly ingresó a la habitación de su hermana sin tocar. Valena seguía acostada en la cama, hecha un ovillo. Las sábanas sucias, empapadas de sangre, estaban arrumbadas en un rincón del suelo. Su cuerpo permanecía inmóvil, sucio, exhausto. Tenía la mirada perdida, fija en un punto lejano. Sus muslos seguían manchados, y aún llevaba puesta la bata ensangrentada del día anterior. No se dignó a mirar a su hermano cuando él se plantó frente a ella.—Levántate —ordenó Rendly con voz seca—. Debes asearte y comer. Tienes que mantenerte en buen estado. Ya he enviado un cuervo para anunciar que vengan por ti.Valena alzó lentamente los ojos hacia él. En el brazo izquierdo de su hermano colgaba un vestido azul rey. No dijo nada. Solo lo miró desde donde estaba, sin moverse.—Dentro de unos días, llegará la respuesta —continuó él, desplegando el vestido ante sus ojos—. Vendrán por ti en un mes, hermanita. Mira bien —le sonrió con esa expresión cruel y burlona que ella
ValenaA la mañana siguiente, Valena abrió los ojos con lentitud. Se encontraba acostada sobre su cómoda cama, rodeada por la suave luz del amanecer. Las cortinas blancas del balcón ondeaban suavemente, movidas por la brisa fresca que entraba desde el mar. El día había comenzado, y con él llegaba una fecha que ella temía más que ninguna otra: el doce del mes doce.Era su cumpleaños número dieciocho.Se incorporó con ayuda de las manos, aún algo aturdida por el sueño, pero de inmediato sintió una punzada en el bajo vientre. Un malestar familiar. Un momento después, notó la sensación tibia y húmeda entre sus piernas. Bajó la mirada, y allí estaba… la confirmación que más temía.Sangre.Otra vez.Su bata de lino estaba manchada, y las sábanas mostraban las huellas de su ciclo. Sintió náuseas. Odiaba aquello. No solo por el dolor o la incomodidad, sino por lo que representaba. Su cuerpo acababa de recordarle que ya era una mujer fértil. Y eso, para Rendly, lo cambiaba todo. Para él, su sa
Último capítulo