Habían pasado cinco meses desde que llegué al mundo original, “La Tierra”.
Cinco meses.
El mundo original era distinto a Etheria en casi todo.
Más moderno, más frío y más avanzado.
Había puertas que se abrían sin que nadie las tocara, cristales capaces de mostrar imágenes de otros territorios, carruajes sin caballos que flotaban sobre caminos de metal pulido y salones donde la luz parecía nacer de las paredes. Sin embargo, entre la realeza, había cosas que nunca cambiaban.
Las sonrisas seguían