Vi a Lila alejarse junto a las doncellas que ya la esperaban desde el momento en que llegamos al palacio y, por alguna razón que no lograba comprender del todo, mis ojos permanecieron sobre ella más tiempo del necesario. No caminaba como las mujeres de la realeza dracónica, siempre ansiosas por demostrar poder o desafiar a cualquiera que tuvieran enfrente. En Lila era distinto. No necesitaba levantar la voz ni imponer su presencia para hacerse notar. Había una fuerza silenciosa en ella, una que