Capítulo 22 POV Lila

Sabía perfectamente que bajar hasta el calabozo para ver a Elena no era precisamente la clase de decisión inteligente que una Luna recién reconocida debía tomar por cuenta propia.

Pero solo quería saber cómo estaban nuestros padres.

—Sigo pensando que esto es una mala idea, mi Luna —murmuró Cinthia mientras caminaba a mi lado.

Giré apenas el rostro hacia ella, agradecida por su preocupación aunque demasiado absorta en mis propios pensamientos como para verbalizarlo.

—Probablemente lo sea —admití con honestidad—, pero después de todo por la forma en la que tome el lugar de Elena para venir aquí ni siquiera me despedí de mis padres. Quiero saber como están. Quiero que vengan a vivir aquí con nosotros.

Cinthia no respondió de inmediato, aunque el leve suspiro que escapó de sus labios me dejó claro que seguía sin estar de acuerdo.

—Eso no significa que no crea que es peligroso —murmuró finalmente.

A pesar de la tensión que me consumía, una pequeña sonrisa amenazó con aparecer en mis labios, Cinthia me caía bien. Me hubiera encantado que ella fuera mi hermana.

Pero aquella sonrisa desapareció en cuanto vi a Elena.

Estaba sentada al fondo de la celda como si no se encontrara prisionera, como si aquellas barras de hierro no fueran más que un pequeño inconveniente temporal y no una sentencia de encierro que, de haber sido cualquier otra persona, la habría tenido suplicando desde el primer minuto.

Su espalda permanecía recta.

Su mentón elevado.

Sus piernas elegantemente cruzadas.

Y cuando levantó la mirada hacia mí…

Sentí que algo dentro de mí se tensaba.

Porque por primera vez fui capaz de verlo.

Esa arrogancia.

Esa altivez.

Esa intensidad casi sobrenatural brillando detrás de sus ojos.

Y, de repente, lo entendí.

Era su sangre de dragón.

También corría por sus venas.

Mi respiración se volvió más lenta mientras una pregunta comenzaba a formarse con insistencia en mi mente.

¿Lo sabría?

¿Estaría al tanto siquiera de lo que eramos?

¿Habría escuchado alguna vez la voz de la criatura que dormía dentro de ella?

¿O acaso… yo había sido la única?

—Vaya… —murmuró Elena mientras una sonrisa lenta, venenosa y dolorosamente familiar se extendía por sus labios—. Decidiste venir a ver a tu hermana parece que el Alfa te está tratando bien, de seguro le sirves muy bien en la cama.

Cinthia abrió la celda, aunque no se movió ni un solo paso de la entrada, dejando bastante claro que, aunque me permitiera entrar, Elena no pondría un pie fuera de aquel lugar.

Entré.

—Pensé que estarías demasiado ocupada sirviendo al Alfa de esta manada como la zorra que eres como para venir a ver a tu hermana —continuó Elena mientras se incorporaba lentamente, estudiándome de pies a cabeza con una mezcla de desprecio y curiosidad—, aunque supongo que compartir la cama del Alfa debe ser una distracción bastante agradable vi que es bastante guapo.

Mi mandíbula se tensó, aunque hice un esfuerzo consciente por mantener la calma.

—No vine a hablar de Cassiel.

Elena sonrió.

—¿Cassiel? ¿El Alfa te permite llamarlo por su nombre? ¿Acaso se a enamorado de ti?

Fruncí ligeramente el ceño.

Y entonces la escuché decir algo que, incluso después de todo lo ocurrido, logró desconcertarme.

—Sebastián realmente nunca me amó como yo creía.

La observé en silencio.

Confundida, no entendía porque decía aquello cuando la había preferido sobre mí.

Y eso pareció divertirla todavía más.

—Sebastián fue mío, pero después ya no lo fue aun así estoy segura de que si el Alfa de esta manada a sido bueno contigo tan pronto me conozca me preferirá sobre ti. Estoy segura de eso. Yo soy mucho más hermosa que tu.

Mi pecho se tensó.

Y en lo más profundo de mi interior…

Ciri hablo en mí mente.

—Mátala.

La voz de mi dragona rugió dentro de mi alma con una violencia tan brutal que mis manos temblaron.

—Ahora. Arráncale la garganta. Quema sus huesos.

Cerré los ojos apenas un segundo.

Respiré.

—No.

Ciri rugió.

—Es una amenaza va a intentar quedarse con Fenrik también.

—Ya está en una celda, no puede hacer nada.

Hubo un largo silencio.

Después…

Un resoplido de humo.

Y mi dragona volvió a hundirse en lo más profundo de mi alma, claramente ofendida.

Elena, completamente ajena a la batalla que acababa de librarse dentro de mí, seguía demasiado absorta en sí misma como para notar nada.

—El hecho de que diga que esta enamorado de ti, no significa nada —continuó mientras se acomodaba el cabello con una arrogancia casi absurda considerando su situación—. Tan pronto tenga la oportunidad de volver a hablar con el, todo esto se aclarará, y cuando finalmente me vea, cuando realmente me mire…

Sonrió.

—Lo conquistaré.

No fui yo quien reaccionó.

Fue Cinthia.

La omega soltó una pequeña carcajada detrás de mí.

Yo simplemente la miré.

—Eso jamás va a pasar una vez que un lobo encuentra a su pareja destinada no es capaz de volver a estar con ninguna otra.

Elena arqueó una ceja.

—¿Y tú cómo puedes estar tan segura? ¿Quién eres tú? No pareces más que una vulgar criada.

Cinthia ni siquiera se dignó en contestarle, pero yo si

—Porque Cassiel es mi compañero yo soy su luna. Su destino.

El silencio cayó como una tormenta.

—¿Qué?

—Que yo soy su Luna.

Durante varios segundos Elena no reaccionó.

Después…

Comenzó a reír.

Una carcajada alta, cruel, llena de incredulidad.

—¿Tú? —se limpió una falsa lágrima—. Por favor, Lila… en cuanto ese hombre me vea de verdad…

Se acercó lo suficiente como para susurrarlo.

—Me elegirá sobre a ti, de la misma forma que Sebastián lo hizo.

La ignoré.

Porque, en realidad, no había bajado hasta allí por eso.

Me di media vuelta.

Y justo cuando estaba a punto de marcharme, me detuve para preguntar lo que realmente me interesaba.

—Elena. ¿Nuestros padres están bien?

Y entonces…

Por primera vez desde que había entrado en aquella celda…

Su sonrisa se volvió completamente real.

Y el frío que recorrió mi cuerpo fue instantáneo.

—No entiendo por qué sigues tan apegada a ellos —murmuró con una indiferencia que me revolvió el estómago—. Nunca se esforzaron lo suficiente para darnos la posición que merecíamos.

Sentí cómo algo oscuro comenzaba a despertar dentro de mí y esta vez no era Ciri.

—Nos aman, nos protegieron toda la vida como puedes decir eso.

Elena soltó una pequeña risa.

—Pues sea como sea…

Hizo una pausa.

Y sonrió.

—Ya están muertos, así que preocuparte por ellos ahora es una completa pérdida de tiempo.

Ni siquiera lo pensé cuando sucedido.

Mi mano se movió sola.

El sonido del golpe que le propine a mi hermana resonó en toda la celda con tanta fuerza que Elena cayó al suelo antes siquiera de comprender lo que había pasado.

La sangre comenzó a descender lentamente por la comisura de sus labios.

Y aun así…

Lo único que podía escuchar era aquella palabra era.

Muertos.

Muertos.

Muertos.

El calor bajo mi piel comenzó a expandirse.

—Vas a decirme exactamente… ¿Quién los mato? ¿Quién?

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