Por la mañana, tengo agujetas hasta en las pestañas.
El sol, que se cuela agresivo a través de los ventanales, me aclara la vista con un jadeo. Dominic está desnudo a mi lado, durmiendo más relajado de lo que jamás he creído que podía admirarlo. La sábana gris le tapa justo sobre el culo, dejando a la vista sus espalda ancha, marcada por mis arañazos, y como sus brazos se flexionan debajo de la almohada. Respira suavemente, y me atrevo a tocar las marcas que le he dejado.
Con un suspiro me des