Me he planteado irme a una de las habitaciones vacías de la mansión para no dormir con él; lo he intentado en dos cuartos diferentes sin éxito antes de arrastrarme a su lado y sentir como el sueño me vencía. Dominic también seguía despierto cuando me he metido bajo las śabanas, no sé si él también estaba luchando para mantener la distancia, pero no ha sido hasta que me ha abrazado que se ha quedado dormido.
Por la mañana, me deslizo fuera de sus brazos tratando de no despertarlo. Lo consigo. Pillo a Bobby de sorpresa perdido por uno de los pasillos de la mansión, maulla perezoso cuando lo cojo en brazos y me lo llevo al jardín para que me dé compañía.
La discusión de anoche aún me ronda. Si es que se le puede llamar discusión. No fue una pelea, no hubo gritos ni portazos, pero sus palabras —“La gente que está metida en mi mundo no tiene hijos, Olivia”— se me han clavado como un cuchillo. ¿De qué habla? Si Dominic es el dueño de su mundo. No es que quiera un hijo ahora mismo, pero la f