Por la mañana, me despierto con el suave toque de una caricia en la mejilla. Es demasiado pronto, o mi cuerpo sigue cansado por el sexo desenfrenado de anoche. Aprieto los ojos con un quejido. Creo que Dominic se ríe antes de pasarme el dedo por la nariz.
—Estás despierta.
—Más o menos —murmuro.
¿Por qué está tan lejos? Me acurruco más cerca suya, hasta que mi frente está apoyada en su pecho y puedo respirar su piel.
—Tengo algo para ti —me susurra, mientras me peina los enredos del pelo con su