Julián se marchó temprano al día siguiente. Escuché el motor de su camioneta alejarse por el camino de grava mientras yo todavía estaba enredada en las sábanas, tratando de encontrar el valor para enfrentar otro día en esa casa. Según la señora Ortega, pasaría todo el día en las bodegas de la zona sur, supervisando el nuevo cargamento. Era mi oportunidad.
Pasé la mañana con Leo en el jardín. Jugamos a las escondidas y, por primera vez, logré arrancarle una carcajada sonora cuando me encontró es