Eso fue lo peor.
La tranquilidad enfermiza con la que Isabella miraba a Julián.
Como si hubiera esperado durante años el momento exacto para hacerle daño.
Ni siquiera parecía sorprendida por su reacción. Al contrario. Aquella sonrisa lenta, casi satisfecha, seguía dibujada en sus labios rojos mientras permanecía agarrada del brazo de Ricardo.
Como si estuviera disfrutando verlo perder el control.
—Felicitaciones, hermano —dijo Ricardo finalmente antes de mirarme apenas un segundo—. Buenas noche