Desperté con una luz blanca que inundaba toda la habitación. Por un segundo olvidé dónde estaba, hasta que sentí el peso de la colcha de seda y recordé que ya no estaba en mi pequeña recámara de la casa de mis padres. Me levanté, me di una ducha rápida y me puse lo más sencillo que encontré en la maleta: unos pantalones de lino y una blusa de algodón. No quería parecer la "señora de la casa", quería sentirme yo misma.
Bajé las escaleras y el silencio de la hacienda me resultó asfixiante. No se