Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol amanecía perezoso sobre los campos de la hacienda, tiñendo todo con tonos dorados. La brisa fresca traía el perfume del pasto húmedo por el rocío, y el canto de las gallinas a lo lejos anunciaba que el día comenzaba. Aurora, encantada, observaba todo por la ventana del cuarto en el que estaba hospedada; sus ojos azules brillaban como si cada detalle de aquel lugar fuera un regalo nuevo.
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