Mundo ficciónIniciar sesiónHabían pasado nueve meses desde aquella tarde en que Isabella le contó a Lorenzo que estaban esperando otro bebé. Desde entonces, la hacienda había adquirido un brillo distinto, un ritmo nuevo, como si incluso el viento sopla suave. El amor que ya desbordaba parecía multiplicarse cada día.
Era el inicio del otoño, y el cielo se teñía de suaves tonos de durazno y dorado. Las hojas comenzaban a caer lentamente, cubriendo los caminos de la hacienda como una alfombra rústica, y el aire fresco traía consigo un aroma dulce a tierra húmeda y flores. La naturaleza parecía celebrar junto a ellos la llegada de un nuevo capítulo.
En la veranda principal, Lorenzo estaba de pie, con las manos firmes apoyadas en la baranda de madera, contemplando el horizonte con u







