Mundo ficciónIniciar sesiónCuatro años habían pasado desde la boda en la hacienda de Flora, pero para Isabella y Lorenzo el tiempo no había borrado nada. Al contrario: los sentimientos se habían vuelto más profundos, más maduros, más intensos. Lo que un día fue deseo y descubrimiento, hoy era raíz, hogar y puerto seguro.
Era el final de la tarde, y el cielo, pintado en tonos dorados, carmín y lila, servía de marco para la escena que se desplegaba en los vastos jardines de la nueva hacienda, aquella que Lorenzo había comprado poco después del bautizo de Benjamin. Allí, cada rincón había sido pensado para ser un hogar, un refugio que mantuviera a todos cerca, donde las risas de los niños se mezclaban con el canto de los pájaros y la brisa suave que cruzaba los campos.







