El teléfono vibró entre las manos de Denisse.
El sonido la sacó apenas de ese estado extraño en el que no estaba del todo consciente ni del todo ausente. Tardó unos segundos en bajar la mirada, como si temiera que leer cualquier cosa fuera a romperla aún más.
Ya estoy con Fred. Está muy nervioso, pero intentaré calmarlo. Me quedaré con él esta noche y mañana temprano lo traeré para que vea a Noah.
No estás sola. Te quiero.
—Charlotte
Denisse apretó el celular contra su pecho.
Fred.
La imagen del niño cruzó su mente con una claridad dolorosa. Su risa, su forma de aferrarse a Noah, su manera silenciosa de entender más de lo que decía. Tragó saliva con dificultad.
—Gracias… —susurró, aunque Charlotte no pudiera oírla.
Levantó lentamente las manos.
Todavía había sangre.
No mucha, pero suficiente. Oscura ya, seca en algunos puntos, impregnada en las líneas de sus dedos. La sangre de Noah. La prueba tangible de que aquello no había sido una pesadilla, de que no iba a despertar en su cama co