Denisse regresó al hospital cuando el cielo comenzaba a oscurecer. Las luces del estacionamiento se encendían una a una, frías, impersonales, como si no supieran —o no les importara— que dentro de ese edificio alguien que amaba luchaba por volver.
Caminó rápido por los pasillos, con el corazón latiéndole en la garganta.
Al llegar a la habitación, lo primero que vio fue a Fred.
El niño estaba dormido, sentado en la silla junto a la cama, con la cabeza apoyada cerca del brazo de Noah. Sus dedos p