El hospital se había vuelto un terreno hostil.
No por las paredes blancas ni por el olor constante a desinfectante, sino por las miradas. Por los silencios que se estiraban demasiado. Por la forma en que Denisse sentía que ya no tenía un lugar claro ahí.
Cada vez que entraba a la habitación de Noah, Helena ya estaba sentada cerca de la cama, como si hubiera reclamado el espacio de manera natural. Le hablaba con familiaridad, le acomodaba la manta, le acercaba documentos, sonreía cuando él hacía