Ian apareció en el departamento a primera hora de la mañana con el gesto de quien no había dormido, pero traía algo más que cansancio en la mirada: traía una pieza clave.
—Ya lo encontré —dijo apenas cruzó la puerta.
Denisse levantó la vista de los documentos que estaba revisando.
—¿A quién?
—Al otro gran accionista —respondió Ian—. El que puede inclinar definitivamente la balanza.
Seth, que estaba recostado contra la encimera con una taza de café en la mano, se incorporó de inmediato.
—¿Nombre