Denisse pasó la noche en vela.
No porque no pudiera dormir, sino porque cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Noah… mirándola como a una desconocida.
No había reproche en esa mirada.
Eso era lo que más dolía.
Se levantó antes del amanecer y se quedó sentada en la orilla de la cama, con las manos entrelazadas, respirando despacio. No podía permitirse derrumbarse. No ahora. No después de todo lo que había pasado.
Ese día iba a empezar.
Su plan no era grandioso ni heroico. No incluía dis