Denisse intentó concentrarse.
Lo intentó de verdad.
Tenía frente a ella informes, correos sin responder y una libreta llena de anotaciones sobre la investigación de los cigarrillos. Sin embargo, cada vez que bajaba la vista, su mente regresaba al mismo punto: la imagen de Sophie inclinándose hacia Noah, hablándole al oído, demasiado cerca como para ser solo profesional.
Cerró los ojos con fuerza.
—No es nada —murmuró para sí—. No seas absurda.
Pero no funcionó.
Cuando el teléfono vibró anunciando un mensaje, su corazón dio un pequeño salto… que se desplomó de inmediato al ver que no era de Noah.
Horas después, ya entrada la tarde, decidió que no podía quedarse ahí encerrada. Necesitaba verlo. Necesitaba hablar con él. No para reclamar, se dijo, sino para sacarse esa espina del pecho.
Así que tomó su bolso y salió rumbo a la empresa de Noah.
El edificio estaba más silencioso de lo habitual. La mayoría del personal ya se había ido. Denisse avanzó por el vestíbulo con paso decidido, salu