El aula pequeña de orientación estaba en silencio.
Demasiado silencio para dos chicos de quince años.
Hansell y Joseph permanecían sentados frente al escritorio, con las piernas inquietas y los brazos cruzados, como si esa postura pudiera protegerlos de lo inevitable. Denisse se encontraba al otro lado, de pie, con una carpeta en la mano y una expresión que no era de enojo… sino de decepción.
Y eso era mucho peor.
—Bien —dijo finalmente, rompiendo el silencio—. Empecemos por lo básico.
Ambos le