La luz que se filtraba por las cortinas le pareció demasiado intensa, y el martilleo constante en su cabeza confirmó lo inevitable: tenía una resaca monumental. Cerró los ojos un segundo más y aspiró con cuidado… el aroma no le era desconocido.
Sábanas suaves.
Un colchón firme.
Y ese ligero perfume masculino que ya sabía identificar sin esfuerzo.
Abrió los ojos de golpe.
—La habitación de Noah… —murmuró.
Se incorporó apenas un poco y el mundo dio una vuelta completa. Volvió a dejarse caer sobre