Noah llegó a casa cuando el cielo ya se había teñido de tonos oscuros y la ciudad comenzaba a bajar el ritmo. Cerró la puerta con más cuidado del habitual, pero aun así Denisse notó el sonido apagado que delataba su cansancio. No era solo físico; había algo más pesado en su manera de caminar, en la forma en que dejó el maletín junto a la pared sin preocuparse por acomodarlo.
Ella estaba en la sala, revisando unos documentos en la tableta. Al levantar la vista, lo supo de inmediato.
—¿Qué pasó? —preguntó, dejando el dispositivo a un lado.
Noah se quitó el abrigo lentamente y lo colgó en el perchero. Tardó un momento en responder, como si necesitara ordenar sus pensamientos antes de pronunciarlos en voz alta.
—Mi madre fue a la oficina hoy —dijo al fin.
Denisse frunció el ceño.
—¿A la empresa?
—A mi oficina —aclaró él—. Entró como si le perteneciera todo… y, técnicamente, en parte es así.
Se dejó caer en el sillón, apoyando los codos en las rodillas. Denisse se levantó y se sentó a su l