Noah llegó a casa cuando el cielo ya se había teñido de tonos oscuros y la ciudad comenzaba a bajar el ritmo. Cerró la puerta con más cuidado del habitual, pero aun así Denisse notó el sonido apagado que delataba su cansancio. No era solo físico; había algo más pesado en su manera de caminar, en la forma en que dejó el maletín junto a la pared sin preocuparse por acomodarlo.
Ella estaba en la sala, revisando unos documentos en la tableta. Al levantar la vista, lo supo de inmediato.
—¿Qué pasó?