El día había sido largo.
No, largo no era la palabra correcta. Había sido agotador, de esos que dejan un zumbido persistente detrás de los ojos y un peso incómodo en el pecho.
Denisse estaba sentada frente a su escritorio, revisando por tercera vez el mismo informe, aunque sabía que no encontraría nada nuevo. La pantalla iluminaba tenuemente su rostro, ya cansado, mientras sus dedos jugaban distraídos con un bolígrafo.
El problema tenía nombre y apellido.
Nick Hunter.
Todo había comenzado esa mañana, cuando uno de los proveedores llamó alarmado. Un contrato había sido modificado sin autorización, las condiciones cambiadas de forma unilateral, y —lo peor— la firma de Denisse aparecía al final del documento.
Falsa.
Al principio pensó que se trataba de un error administrativo. Luego, al revisar accesos, correos internos y registros, la verdad se volvió evidente y profundamente molesta.
Nick había usado credenciales temporales que no debía tener aún. Había actuado por su cuenta, prometien