La noche avanzó con una calma engañosa. En el estudio de la casa, Noah y Denisse se encontraban sentados uno frente al otro, rodeados de papeles, tablets y teléfonos móviles. Las luces eran suaves, cálidas, como si intentaran compensar la tensión que flotaba en el aire.
Noah fue el primero en romper el silencio.
—No podemos improvisar —dijo con seriedad—. Cualquier palabra mal usada va a ser sacada de contexto.
Denisse asintió, cruzando lentamente las piernas mientras releía un borrador en su tablet.
—Lo sé. No es solo nuestra imagen la que está en juego. También está Fred… y las empresas… y tu familia.
Noah cerró los ojos un instante al escuchar esa última palabra.
—Por eso quiero hacerlo bien —respondió—. Sin ataques. Sin acusaciones. Solo… la verdad.
Denisse levantó la vista hacia él. Había cansancio en sus ojos, pero también determinación.
—La verdad es sencilla —dijo—, pero incompleta si solo hablamos nosotros.
Noah frunció el ceño.
—Will y Helen.
—Exacto.
Denisse dejó la tablet