La casa Winchester estaba sumida en una calma engañosa aquella tarde. No era el silencio habitual de una vivienda ordenada, sino uno más profundo, expectante, como si las paredes mismas supieran que algo estaba a punto de quebrarse. Fred se encontraba en su habitación, concentrado en una tarea escolar, mientras Noah revisaba documentos en el comedor y Denisse terminaba de preparar café en la cocina.
El sonido del timbre rompió el aire con una nitidez casi violenta.
Denisse se quedó inmóvil un segundo, con el paño aún entre las manos. Su corazón dio un pequeño salto, una reacción instintiva que no logró ocultar. Noah levantó la vista, observándola con atención.
—¿Esperas a alguien? —preguntó, frunciendo levemente el ceño.
Ella negó con la cabeza, pero se detuvo a mitad del gesto.
—Tal vez —respondió, con una sonrisa leve, cargada de anticipación.
Caminó hacia la puerta con paso decidido, y apenas la abrió, una presencia familiar irrumpió en el umbral.
—¡Por fin! —exclamó Charlotte, abr