El golpe en la puerta volvió a escucharse, esta vez acompañado por un leve quejido.
Denisse apoyó la frente contra la madera durante un segundo, reuniendo valor, antes de girar la cerradura. Cuando abrió, el aire frío del pasillo se coló en el apartamento… y con él, una imagen que la dejó completamente descolocada.
—¿Seth…?
El hombre frente a ella no se parecía en nada al joven desenfadado y algo arrogante que había conocido años atrás. Su cabello castaño estaba revuelto, su camisa manchada de sangre seca a la altura del hombro y uno de sus ojos comenzaba a oscurecerse por un moretón violáceo. Se sostenía del marco de la puerta como si le costara mantenerse en pie.
—Hola, Denisse —murmuró con una sonrisa torcida—. Vaya… sigues igual de hermosa.
Ella frunció el ceño de inmediato, más preocupada que halagada.
—¿Qué te pasó? —preguntó, abriendo más la puerta—. Entra, por favor.
Seth dio un par de pasos torpes y apenas logró llegar al sofá antes de dejarse caer pesadamente. Soltó un gemid