Denisse salió del edificio con el abrigo bien cerrado, aunque la noche no era especialmente fría. El cielo estaba cubierto por nubes bajas que reflejaban las luces de la ciudad, dándole a todo un tono opaco, casi metálico. Caminó unos pasos por la acera, respirando hondo, intentando ordenar en su cabeza todo lo que había ocurrido durante el día.
La reunión con Francis había dejado un sabor amargo. No por el plan en sí —ese avanzaba como debía—, sino por la certeza de que alguien estaba acechand