El auto de William se detuvo frente a la mansión Winchester con una precisión casi quirúrgica. Denisse observó la fachada iluminada, las columnas blancas, los ventanales amplios que parecían mirarla de vuelta, como si la casa misma la reconociera… y no la perdonara.
Hacía años que no cruzaba ese umbral.
—¿Estás segura? —preguntó William con suavidad, apagando el motor—. Si quieres, puedo entrar solo y decir que…
—No —lo interrumpió ella, respirando hondo—. Tengo que hacerlo.
William la observó