La cafetería frente al edificio Winchester era uno de esos lugares que pretendían ser neutrales, pero nunca lo lograban del todo. Demasiado cercana al corazón financiero de la ciudad, demasiado frecuentada por ejecutivos, abogados y asistentes con agendas imposibles. El olor a café tostado se mezclaba con el perfume caro y el murmullo constante de conversaciones que siempre parecían importantes.
Denisse llegó antes de la hora pactada.
No era casualidad.
Desde hacía dos años, había aprendido que