La mañana amaneció con una neblina espesa cubriendo los jardines de Vermont. Desde su ventana, Denisse observaba cómo las gotas se deslizaban por el cristal, reflejando el gris del cielo. Habían pasado dos días desde que firmó aquel contrato con Noah, y todavía no lograba acostumbrarse a la idea de vivir una mentira tan grande.
Una mentira escrita con tinta y sostenida con miradas que no sabía cómo interpretar.
Intentaba concentrarse en los cuadernos de Fred, repasando ejercicios de lectura con