La mañana amaneció tranquila, teñida por una neblina suave que cubría las montañas de Vermont. Desde la ventana del comedor, Denisse observaba cómo la bruma se disipaba lentamente sobre los árboles. Aquella casa siempre le había parecido demasiado grande, demasiado silenciosa, demasiado… ajena. Pero desde que Fred había llegado a su vida, cada rincón tenía un poco más de vida, un eco de risas infantiles que la ayudaba a soportar la rigidez de su jefe.
Noah había salido temprano hacia la oficina