La nieve se había ido, no por la fuerza de una tormenta, sino por la persistencia suave del sol. El camino que llevaba a la cabaña, antes una trampa blanca e intransitable, era ahora una cinta de tierra húmeda y oscura que serpenteaba montaña abajo, conectándolos de nuevo con el mundo.
Pero el mundo al que regresaban ya no era el mismo.
Durante la última semana de convalecencia, mientras Lorenzo recuperaba la fuerza en sus piernas y el color en su rostro, habían tomado la decisión. No hubo gran