El silencio descendió sobre la cabaña apenas los faros de la camioneta de Lorenzo desaparecieron en el espeso bosque. No era el silencio pacífico de los días anteriores, aquel que invitaba al descanso frente al fuego, era un silencio pesado, como si la montaña misma hubiera contenido la respiración esperando el desenlace de una tragedia antigua.
Para Aurora, las horas siguientes se convirtieron en una prueba de resistencia física. La cabaña, que con la presencia de Lorenzo se había sentido como