La electricidad había vuelto, zumbando en las paredes con una normalidad artificial, pero la casa seguía fría. Los radiadores trabajaban a máxima potencia, luchando contra la humedad de la tormenta, pero el verdadero frío no venía de afuera.
Venía de Lorenzo.
Después de subir del cuarto de seguridad, después de secar a los niños y acostarlos de nuevo en sus camas con promesas susurradas de que los monstruos se habían ido, Lorenzo no se había ido a dormir.
Aurora lo encontró en el vestíbulo pri