El silencio de Marco, que había durado apenas unos segundos, se sintió como una eternidad, el tiempo suficiente para que las montañas se erosionaran y los continentes se separaran.
Aurora miraba sus ojos, esos pozos de experiencia militar que ahora reflejaban un miedo humano, y sintió que el suelo bajo sus pies se convertía en agua.
—Marco —repitió ella, su voz un hilo de alambre tenso—. Dímelo.
El jefe de seguridad parpadeó, rompiendo el trance. Bajó la mano que había estado apretada en un pu