Ante la desaparición de Elisabetta, la guardia baja de Lorenzo se alzó como un muro de acero inquebrantable. El capo regresando con una ferocidad animal.
Salió del laberinto de espejos como una tormenta, empujando a su paso a una familia que entraba riendo. Aurora lo siguió, arrastrando a Matteo de la mano.
El niño estaba pálido, sus ojos escaneando el entorno con una intensidad que le heló la sangre a Aurora, no estaba buscando a su hermana con miedo, la estaba buscando tácticamente.
—Marco, E